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Hola me llamo Pablo y ya he escrito varios relatos sobre alguna experiencia. Esta vez quería contarles como me entregué por completo a un hombre que me sedujo hasta el nivel de convertirme en una sumisa mujercita. La historia es la siguiente. Yo trabajaba para una compañía de seguros y realizaba frecuentes viajes a distintas provincias de España. En esa época yo tenía 25 años y acaba de salir de la facultad. Mi jefe era un hombre de 42 años, muy atractivo.
Medía 1,85 metros y debía pesar una 80 kilogramos. Iba al gimnasio y estaba duro como una roca. Desde luego en bastante mejor forma que yo, con mi 1,75 m y 70 kilos de peso. Además tenía el rostro curtido por el sol porque practicaba el deporte de la vela. Su cabello era negro algo canoso, y cortado casi estilo militar.
Alguna vez en algún viaje a zona de playas había tenido ocasión de admirar su abdomen liso con los abdominales marcados y un pecho velludo y fuerte. Las mujeres se lo comían con los ojos. Y yo aunque nunca había estado con un hombre no podía evitar fijarme en como se marcaba su paquete en el ceñido bañador. En una ocasión no pudimos obtener dos habitaciones y decidimos compartirla. La situación fue insostenible para mí. Pese a mis intentos por mantener mi heterosexualidad, el ver a ese hombre desnudo constituía una tentación demasiado fuerte para mí. Javier, que era un hombre perspicaz e inteligente, debió darse cuenta de mi turbación ante su atlético cuerpo y tras ese viaje su comportamiento hacia mí cambió. Después de ese viaje se mostraba mucho más atento conmigo, actuaba como mi protector más que como mi jefe. Se mostraba incluso cariñoso conmigo. En ocasiones en que yo actuaba de forma correcta exageraba mi mérito y me hacía alguna caricia en el pelo o en la barbilla. Poco a poco supongo que me fui enamorando de él. Cuando acariciaba mi pelo yo era feliz como un perrillo. Pasábamos mucho tiempo juntos y finalmente ocurrió lo que ambos supongo estábamos deseando. Ocurrió que tuvimos que hacer juntos un viaje a Lanzarote. Allí nos hospedábamos en un hotel de lujo en primera línea de la playa. Mi sorpresa fue que había reservado una habitación para los dos.
- ¿No te importa verdad, Pablito? - cuando me llamaba Pablito me derretía - Este trimestre llevamos el presupuesto un poco apretado.
- Lo que tú digas Javier, a mí me parece bien - Y era verdad. Al llegar a la habitación, la segunda sorpresa: ¡una cama de matrimonio! - Vaya - fingió sorprenderse. Se han debido confundir. Pediré otra habitación. Llamó a recepción y cuando colgó me dijo que no tenían más habitaciones.
- Bueno no importa. Somos dos hombres adultos y sabremos comportarnos Pablito. Aunque no se si debo fiarme de ti, que tengo entendido que eres un picha brava. Yo enrojecí, pero no dije nada. Deshicimos las maletas y Javier propuso darnos un baño en la playa. Cuando llegamos a la playa, tercera sorpresa. Era una playa nudista.
- ¡Que te parece! Bueno, donde fueres haz lo que vieres. Y dicho lo cual se quitó su bañador, quedando como vino al mundo. O mejor dicho, como un dios griego.
- Anda ven, conmigo, no seas tímido. - Entonces me quitó el bañador sin preguntarme y me tomó de la mano para llevarme al agua. Aquella era la situación. Yo, la persona más tímida del mundo, y hasta la fecha heterosexual convencido, me encontraba en Lanzarote, en una playa nudista y corriendo en pelotas hacia el agua de la mano de un apolo desnudo del cual estaba secretamente enamorado. Parecíamos una parejita de gays recién casados. En el agua Javier empezó a jugar conmigo. Me hundía en el agua, me abrazaba. En medio de esos juegos sentí la polla de Javier tocar mis nalgas. La sensación era increíble. Por una parte estaba avergonzado, por otra deseaba entregarme por completo a ese hombre. Sólo el agua de la mar, moderadamente fresca en ese mes de febrero canario, mantenía mi polla semirrelajada. Sin embargo los abrazos de Javier estaban quebrando mi autocontrol.
- ¿Qué te pasa? - Me siento incomodo Javier, vamos fuera.
- Yo estoy muy a gusto contigo Pablito.
- Yo también pero esta situación es extraña.
- Oye, soy tu amigo y te aprecio. No pasa nada. Confía en mí. Siempre he cuidado de ti. Acaso no te gusta como te trato.
- Más que eso, me encanta, pero no sé como actuar.
- Pablo, déjate llevar por tus sentimientos y nada malo pasará. Yo cuidaré de ti. Mientras decía eso, su mano derecha me acariciaba la barbilla.
- Si Javier. Siempre haré lo que tú me digas. En tus manos me siento seguro.
- Eso es lo que quería oír cariño. Fingí no haber oído esa última palabra. Pero la oí. No sé si él fue consciente de haberla dicho, pero la dijo con toda la naturalidad del mundo. El resto del día transcurrió con normalidad. Por la tarde teníamos la reunión de negocios. Después iríamos a cenar los dos solos y tendríamos un par de días de vacaciones juntos, los dos solos. Así lo había planeado Javier. Me dijo que por mi entrega a la empresa (más bien al empresario) me lo había ganado. Dijo que lo pasaríamos bien, beberíamos, ligaríamos con unas alemanas, etc. La reunión fue rápida y sencilla. Javier la manejó con maestría y yo apunté sólo las cifras que mi amado jefe me pedía en un momento dado. Finalmente el negocio se cerró con éxito y Javier me dijo que me invitaba a cenar al mejor restaurante para celebrarlo. Durante la cena la conversación giró en torno a mí. Javier alabó mi profesionalidad. Me dijo que sin mí no podría ser feliz, porque además de un empleado leal y honrado era una persona atractiva y que sentía algo especial por mí.
- Yo también siento algo especial por ti Javier.
- ¿Qué sientes exactamente por mí Pablo? - No sé, algo, pero me siento a gusto contigo, protegido. Él me tomó de la mano y me dijo: - Si tú quieres, si confías en mí, si te entregas a mí, cuidaré de tí, te haré feliz, te daré todo el placer del mundo. - Soy tuyo Javier, puedes hacer de mí lo que desees. Tú me lo has dado todo y yo te daré lo que desees de mí.
- Vayamos a la habitación - me dijo.
- Lo que tú quieras cariño. Cuando llegamos a la habitación, Javier me tomó entre sus brazos y me dijo: - Te deseo Pablo, quiero que seas mi mujercita.
- Seré lo que tú me pidas. Entonces me besó. Primero puso sus labios sobre los míos. Abrí mi boca para ofrecerme a él. Su lengua entró en mi boca. Su sabor era cálido. Un deje de vino tinto y un olor a colonia varonil me hicieron abandonar la poca sensación de hombre que me quedaba. Ahora sólo era la chica de Javier. Su mujer, y como tal iba a entregarme a mi hombre. Me arrodillé ante Javier. Le bajé la cremallera del pantalón. Mis manos buscaron en el interior. A través del boxer de seda encontré su polla. Ese trozo de carne que me hacía enloquecer en mis fantasías y sueños. Lo así con la mano. Estaba duro, caliente, palpitaba. Era grueso y poderoso. Lo saqué. Ante mí estaba una preciosa verga de unos 20 cms. y un grosor respetable. Javier acariciaba mi cabeza y me dijo: - Es tuyo mi amor. Chúpamelo. Acerqué mis labios y los puse en forma de O. Le besé. Fue un beso tierno y cálido. Con los labios retiré la piel que aún cubría el glande, y su líquido pre seminal enjugó mi boca. El gimió de gusto. Mis manos asían ese pedazo de polla mientras mis labios y mi lengua saboreaban el prepucio. Lentamente comencé una paja. El sabor de su polla era un sueño para mí. - Desde que ví como me mirabas en ese hotel de Almería, sabía que acabarías siendo mío. Sabía que tras ese joven tímido había una mujercita dispuesta a ser mía.
- Si cariño - le dije - llevo meses soñando con este momento, pero temía que si te decía algo me despreciarías por marica.
- No podría despreciarte. Eres mi mujercita y tú me darás placer y yo te cuidaré. Así será.
- Así será Javier, así será. - Entonces ya sabes lo que viene ahora ¿verdad? - Sí Javier, quiero que me hagas mujer. Que me conviertas en tu hembra. Entonces se tumbó sobre la cama y me dijo: - Hay vaselina en ese cajón. Úntame la polla. Cogí la vaselina y unté su polla. Pero antes del siguiente pasó volví a probar ese trozo de carne ardiente. Mi boca quería más.
- Ehhh. Tranquila, golosa. Ya tendrás tiempo de eso. Ahora quiero que te sientes sobre ella. Unté algo de vaselina en mi ano y me puse en cuclillas sobre Javier. Un ramalazo de placer recorrió mi cuerpo cuando sentí la punta de su rabo sobre mi orificio virgen.
- Despacito cariño - no quiero hacerte daño - me dijo. Poco a poco fui descendiendo y mientras notaba como su nabo se introducía en mis entrañas, me fui sintiendo más enamorada y entregada a ese macho. Ambos gemimos de placer mientras me iba ensartando. Finalmente me senté sobre él. Mi pene y mis huevos estaban en su abdomen. Su pelvis oprimía mi culo. Mis manos acariciaban sus testículos por detrás. Me incliné sobre él y permanecimos abrazados. Nos besábamos, apoyaba mi cabeza en su fuerte pecho. Lamía sus pezones. Mientras tanto su polla estaba dentro de mí. La sentía en mi interior. Ahora entendía porque las mujeres ponían esa cara cuando tenían una polla dentro.
- Que a gusto estoy dentro de tí Pablo.
- Y yo que a gusto con al polla de mi hombre. Él empezó a moverse y yo a cabalgar sobre su verga. Ambos gemíamos ya sin disimulo. - me voy cariño, me voy.
- Y yo Javier. Nos corrimos a la vez. Él dentro de mí y yo en su abdomen. Sentí un chorro caliente de semen dentro de mí. Nos quedamos abrazados besándonos y diciéndonos palabras de amor. Después de un rato me levanté y sentí como su polla me abandonaba dejando un vacío. Sentí el semen chorreando entre mis piernas y con mi mano evité que cayera al suelo. Fui a lavarme pero no puede evitar acercar su semen a mi nariz. Olía a macho. Sabía que ya no había marcha atrás, que sería la mujer de Javier mientras él quisiera Esa noche dormimos abrazados. El amanecer nos despertó desnudos en la cama. Javier a mi espalda con su verga apretada en mi culo. Me desperté feliz y se me ocurrió dar placer a mi hombre. Brindarle un agradable buenos días. Así que me acerqué a su entrepierna para darle lo que él se merecía. Para ser mi primera mamada, los gruñidos de placer de mi hombre me indicaron que lo hice muy bien. Sentir esa polla en mi boca, con el sabor al sudor de Javier, me hizo disfrutar. Esta vez no estaba dispuesto a dejarle escaparse así que se la chupé hasta que le hice correrse. Su semen regó mi rostro y conseguí atrapar algo con mi boca.
Una vez que dejó de eyacular volví a meterme la polla en la boca con el firme propósito de chuparla hasta dejarla limpia. El sabor de su semen era algo excitante. Un sabor agridulce y una sensación de entrega a mi hombre que colmaron mis expectativas.
- Buenos días cariño - le dije - al verle mirándome como terminaba mi labor matinal.
- Espero que me despiertes así todos los días.
- Nada me haría más feliz mi amor. Después de ese viaje me mudé al edificio de Javier. No podíamos vivir juntos por aquello de las apariencias, pero mi apartamento era contiguo al suyo y una puerta interior los comunicaba, por lo que en la práctica era lo mismo. Actualmente seguimos viviendo juntos. Javier me ha comprado ropa sexy de mujer y cuando estamos solos en casa me visto de chica para él. Próximamente les contaré como avanza nuestra relación si lo desean.
Poco a poco fui descendiendo y mientras notaba como su nabo se introducía en mis entrañas, ambos gemimos de placer mientras me iba ensartando
PABLO
NO PUSO m1g (arroba) latinmail.com
Gay Hola me llamo Pablo y ya he escrito varios relatos sobre alguna experiencia. Esta vez quería contarles como me entregué por completo a un hombre que me sedujo hasta el nivel de convertirme en una sumisa mujercita. La historia es la siguiente. Yo trabajaba para una compañía de seguros y realizaba frecuentes viajes a distintas provincias de España. En esa época yo tenía 25 años y acaba de salir de la facultad. Mi jefe era un hombre de 42 años, muy atractivo.
Medía 1,85 metros y debía pesar una 80 kilogramos. Iba al gimnasio y estaba duro como una roca. Desde luego en bastante mejor forma que yo, con mi 1,75 m y 70 kilos de peso. Además tenía el rostro curtido por el sol porque practicaba el deporte de la vela. Su cabello era negro algo canoso, y cortado casi estilo militar.
Alguna vez en algún viaje a zona de playas había tenido ocasión de admirar su abdomen liso con los abdominales marcados y un pecho velludo y fuerte. Las mujeres se lo comían con los ojos. Y yo aunque nunca había estado con un hombre no podía evitar fijarme en como se marcaba su paquete en el ceñido bañador. En una ocasión no pudimos obtener dos habitaciones y decidimos compartirla. La situación fue insostenible para mí. Pese a mis intentos por mantener mi heterosexualidad, el ver a ese hombre desnudo constituía una tentación demasiado fuerte para mí. Javier, que era un hombre perspicaz e inteligente, debió darse cuenta de mi turbación ante su atlético cuerpo y tras ese viaje su comportamiento hacia mí cambió. Después de ese viaje se mostraba mucho más atento conmigo, actuaba como mi protector más que como mi jefe. Se mostraba incluso cariñoso conmigo. En ocasiones en que yo actuaba de forma correcta exageraba mi mérito y me hacía alguna caricia en el pelo o en la barbilla. Poco a poco supongo que me fui enamorando de él. Cuando acariciaba mi pelo yo era feliz como un perrillo. Pasábamos mucho tiempo juntos y finalmente ocurrió lo que ambos supongo estábamos deseando. Ocurrió que tuvimos que hacer juntos un viaje a Lanzarote. Allí nos hospedábamos en un hotel de lujo en primera línea de la playa. Mi sorpresa fue que había reservado una habitación para los dos.
- ¿No te importa verdad, Pablito? - cuando me llamaba Pablito me derretía - Este trimestre llevamos el presupuesto un poco apretado.
- Lo que tú digas Javier, a mí me parece bien - Y era verdad. Al llegar a la habitación, la segunda sorpresa: ¡una cama de matrimonio! - Vaya - fingió sorprenderse. Se han debido confundir. Pediré otra habitación. Llamó a recepción y cuando colgó me dijo que no tenían más habitaciones.
- Bueno no importa. Somos dos hombres adultos y sabremos comportarnos Pablito. Aunque no se si debo fiarme de ti, que tengo entendido que eres un picha brava. Yo enrojecí, pero no dije nada. Deshicimos las maletas y Javier propuso darnos un baño en la playa. Cuando llegamos a la playa, tercera sorpresa. Era una playa nudista.
- ¡Que te parece! Bueno, donde fueres haz lo que vieres. Y dicho lo cual se quitó su bañador, quedando como vino al mundo. O mejor dicho, como un dios griego.
- Anda ven, conmigo, no seas tímido. - Entonces me quitó el bañador sin preguntarme y me tomó de la mano para llevarme al agua. Aquella era la situación. Yo, la persona más tímida del mundo, y hasta la fecha heterosexual convencido, me encontraba en Lanzarote, en una playa nudista y corriendo en pelotas hacia el agua de la mano de un apolo desnudo del cual estaba secretamente enamorado. Parecíamos una parejita de gays recién casados. En el agua Javier empezó a jugar conmigo. Me hundía en el agua, me abrazaba. En medio de esos juegos sentí la polla de Javier tocar mis nalgas. La sensación era increíble. Por una parte estaba avergonzado, por otra deseaba entregarme por completo a ese hombre. Sólo el agua de la mar, moderadamente fresca en ese mes de febrero canario, mantenía mi polla semirrelajada. Sin embargo los abrazos de Javier estaban quebrando mi autocontrol.
- ¿Qué te pasa? - Me siento incomodo Javier, vamos fuera.
- Yo estoy muy a gusto contigo Pablito.
- Yo también pero esta situación es extraña.
- Oye, soy tu amigo y te aprecio. No pasa nada. Confía en mí. Siempre he cuidado de ti. Acaso no te gusta como te trato.
- Más que eso, me encanta, pero no sé como actuar.
- Pablo, déjate llevar por tus sentimientos y nada malo pasará. Yo cuidaré de ti. Mientras decía eso, su mano derecha me acariciaba la barbilla.
- Si Javier. Siempre haré lo que tú me digas. En tus manos me siento seguro.
- Eso es lo que quería oír cariño. Fingí no haber oído esa última palabra. Pero la oí. No sé si él fue consciente de haberla dicho, pero la dijo con toda la naturalidad del mundo. El resto del día transcurrió con normalidad. Por la tarde teníamos la reunión de negocios. Después iríamos a cenar los dos solos y tendríamos un par de días de vacaciones juntos, los dos solos. Así lo había planeado Javier. Me dijo que por mi entrega a la empresa (más bien al empresario) me lo había ganado. Dijo que lo pasaríamos bien, beberíamos, ligaríamos con unas alemanas, etc. La reunión fue rápida y sencilla. Javier la manejó con maestría y yo apunté sólo las cifras que mi amado jefe me pedía en un momento dado. Finalmente el negocio se cerró con éxito y Javier me dijo que me invitaba a cenar al mejor restaurante para celebrarlo. Durante la cena la conversación giró en torno a mí. Javier alabó mi profesionalidad. Me dijo que sin mí no podría ser feliz, porque además de un empleado leal y honrado era una persona atractiva y que sentía algo especial por mí.
- Yo también siento algo especial por ti Javier.
- ¿Qué sientes exactamente por mí Pablo? - No sé, algo, pero me siento a gusto contigo, protegido. Él me tomó de la mano y me dijo: - Si tú quieres, si confías en mí, si te entregas a mí, cuidaré de tí, te haré feliz, te daré todo el placer del mundo. - Soy tuyo Javier, puedes hacer de mí lo que desees. Tú me lo has dado todo y yo te daré lo que desees de mí.
- Vayamos a la habitación - me dijo.
- Lo que tú quieras cariño. Cuando llegamos a la habitación, Javier me tomó entre sus brazos y me dijo: - Te deseo Pablo, quiero que seas mi mujercita.
- Seré lo que tú me pidas. Entonces me besó. Primero puso sus labios sobre los míos. Abrí mi boca para ofrecerme a él. Su lengua entró en mi boca. Su sabor era cálido. Un deje de vino tinto y un olor a colonia varonil me hicieron abandonar la poca sensación de hombre que me quedaba. Ahora sólo era la chica de Javier. Su mujer, y como tal iba a entregarme a mi hombre. Me arrodillé ante Javier. Le bajé la cremallera del pantalón. Mis manos buscaron en el interior. A través del boxer de seda encontré su polla. Ese trozo de carne que me hacía enloquecer en mis fantasías y sueños. Lo así con la mano. Estaba duro, caliente, palpitaba. Era grueso y poderoso. Lo saqué. Ante mí estaba una preciosa verga de unos 20 cms. y un grosor respetable. Javier acariciaba mi cabeza y me dijo: - Es tuyo mi amor. Chúpamelo. Acerqué mis labios y los puse en forma de O. Le besé. Fue un beso tierno y cálido. Con los labios retiré la piel que aún cubría el glande, y su líquido pre seminal enjugó mi boca. El gimió de gusto. Mis manos asían ese pedazo de polla mientras mis labios y mi lengua saboreaban el prepucio. Lentamente comencé una paja. El sabor de su polla era un sueño para mí. - Desde que ví como me mirabas en ese hotel de Almería, sabía que acabarías siendo mío. Sabía que tras ese joven tímido había una mujercita dispuesta a ser mía.
- Si cariño - le dije - llevo meses soñando con este momento, pero temía que si te decía algo me despreciarías por marica.
- No podría despreciarte. Eres mi mujercita y tú me darás placer y yo te cuidaré. Así será.
- Así será Javier, así será. - Entonces ya sabes lo que viene ahora ¿verdad? - Sí Javier, quiero que me hagas mujer. Que me conviertas en tu hembra. Entonces se tumbó sobre la cama y me dijo: - Hay vaselina en ese cajón. Úntame la polla. Cogí la vaselina y unté su polla. Pero antes del siguiente pasó volví a probar ese trozo de carne ardiente. Mi boca quería más.
- Ehhh. Tranquila, golosa. Ya tendrás tiempo de eso. Ahora quiero que te sientes sobre ella. Unté algo de vaselina en mi ano y me puse en cuclillas sobre Javier. Un ramalazo de placer recorrió mi cuerpo cuando sentí la punta de su rabo sobre mi orificio virgen.
- Despacito cariño - no quiero hacerte daño - me dijo. Poco a poco fui descendiendo y mientras notaba como su nabo se introducía en mis entrañas, me fui sintiendo más enamorada y entregada a ese macho. Ambos gemimos de placer mientras me iba ensartando. Finalmente me senté sobre él. Mi pene y mis huevos estaban en su abdomen. Su pelvis oprimía mi culo. Mis manos acariciaban sus testículos por detrás. Me incliné sobre él y permanecimos abrazados. Nos besábamos, apoyaba mi cabeza en su fuerte pecho. Lamía sus pezones. Mientras tanto su polla estaba dentro de mí. La sentía en mi interior. Ahora entendía porque las mujeres ponían esa cara cuando tenían una polla dentro.
- Que a gusto estoy dentro de tí Pablo.
- Y yo que a gusto con al polla de mi hombre. Él empezó a moverse y yo a cabalgar sobre su verga. Ambos gemíamos ya sin disimulo. - me voy cariño, me voy.
- Y yo Javier. Nos corrimos a la vez. Él dentro de mí y yo en su abdomen. Sentí un chorro caliente de semen dentro de mí. Nos quedamos abrazados besándonos y diciéndonos palabras de amor. Después de un rato me levanté y sentí como su polla me abandonaba dejando un vacío. Sentí el semen chorreando entre mis piernas y con mi mano evité que cayera al suelo. Fui a lavarme pero no puede evitar acercar su semen a mi nariz. Olía a macho. Sabía que ya no había marcha atrás, que sería la mujer de Javier mientras él quisiera Esa noche dormimos abrazados. El amanecer nos despertó desnudos en la cama. Javier a mi espalda con su verga apretada en mi culo. Me desperté feliz y se me ocurrió dar placer a mi hombre. Brindarle un agradable buenos días. Así que me acerqué a su entrepierna para darle lo que él se merecía. Para ser mi primera mamada, los gruñidos de placer de mi hombre me indicaron que lo hice muy bien. Sentir esa polla en mi boca, con el sabor al sudor de Javier, me hizo disfrutar. Esta vez no estaba dispuesto a dejarle escaparse así que se la chupé hasta que le hice correrse. Su semen regó mi rostro y conseguí atrapar algo con mi boca.
Una vez que dejó de eyacular volví a meterme la polla en la boca con el firme propósito de chuparla hasta dejarla limpia. El sabor de su semen era algo excitante. Un sabor agridulce y una sensación de entrega a mi hombre que colmaron mis expectativas.
- Buenos días cariño - le dije - al verle mirándome como terminaba mi labor matinal.
- Espero que me despiertes así todos los días.
- Nada me haría más feliz mi amor. Después de ese viaje me mudé al edificio de Javier. No podíamos vivir juntos por aquello de las apariencias, pero mi apartamento era contiguo al suyo y una puerta interior los comunicaba, por lo que en la práctica era lo mismo. Actualmente seguimos viviendo juntos. Javier me ha comprado ropa sexy de mujer y cuando estamos solos en casa me visto de chica para él.
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